Aun cuando la arquitectura del paisaje, como disciplina, es un concepto relativamente reciente, el hombre siempre ha mostrado el deseo de aumentar y conservar la belleza del entorno en que se desarrolla su existencia. Considerada en sentido amplio, la arquitectura del paisaje se define como el arte de transformar y organizar los elementos físicos naturales para su disfrute por el hombre.
Históricamente, ello se ha traducido en la creación de parques, jardines, paseos, etc. En la actualidad, sin embargo, se tiende a integrar la arquitectura del paisaje en la concepción urbanística general, con objeto de estructurar unitariamente los espacios abiertos de las ciudades.
Los arquitectos del paisaje han de dar un doble enfoque a su tarea. Como científicos, deben estudiar las condiciones climáticas, topográficas, ecológicas, geológicas y económicas del terreno sobre el que habrán de operar, y como artistas, pretenden crear un paisaje bello, útil y sano sobre ese terreno.
Los principios de la arquitectura del paisaje son varios. El principal de ellos es el de la unidad del diseño. El paisaje diseñado según las condiciones antedichas debe poseer un carácter propio, una coherencia y una unidad de escala que subordine sus partes a la totalidad, dentro de ella, habrá que imaginar una división de espacios que sea lógica y que posibilite moverse libremente de una zona a otra. La forma del terreno debe ser objeto de especial atención, ya sea para amenizarla, como al erigir torres en tierras planas, o para conservarla si así se desea, respetando siempre las leyes de la perspectiva y la óptica.
Otros principios esenciales de la arquitectura del paisaje se refieren al aprovechamiento de las luces y las sombras naturales, al contraste de las texturas de los elementos que se emplean -desde rocas y árboles hasta cemento y mármoles-, al juego de sus colores y a la selección de las especies vegetales que han de constituir partes vitales del proyecto.
En el planteamiento urbanístico, la arquitectura del paisaje desempeña hoy un papel fundamental. Se considera, en suma, que es preciso incluirla como un factor más en el planteamiento general del núcleo urbano, a fin de que éste constituya una unidad orgánica y estructurada, y no una sucesión de compartimentos estancos donde las zonas naturales se superpongan irracionalmente a los bloques de edificios. El trabajo conjunto de arquitectos, ingenieros, sociólogos y profesionales de otras disciplinas resulta imprescindible para conferir un entorno más humano a la vida en las grandes ciudades.
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