jueves, 27 de noviembre de 2008

arqland

La fuerza del termino radica precisamente en su contundente implantación, conceptualmente se circunscribe en un marco concreto como actividad complementaria, con connotaciones netamente medioambientales.

Valorando el creciente interés puesto en el diseño en todas sus expresiones es que nos aferramos a los interrogantes que se plantean al momento de actuar en estos ámbitos de producción y reproducción, para dar soluciones encuadradas dentro de las incumbencias disciplinares con las herramientas obtenidas en nuestra formación, además de la experiencia acumulada.

Arquitectura–paisaje–región, dar calidad espacial a las pequeñas y grandes superficies, paisaje y arquitectura conforman una semántica cuyos significantes tienden a complementarse, asumiendo la escala territorial como campo de acción, poniendo en juego la materia bruta–naturaleza–prima para fundar estrategias de inserción con voluntad desinhibida pero no ingenua, aceptando provocar dispositivos que generen nuevas referencias, absorbiendo la producción de materias primas y manufacturadas, elementos vegetales, generando una referencia disciplinar una presencia definitivamente artificial, incorporando soluciones técnicas y plásticas, atentas a un desarrollo sostenible, respondiendo a las nuevas demandas de las que seremos celosos participes de su generación.

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